lunes, 5 de octubre de 2009

EWTN   Nuestra Fe en Vivo

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Carta de Pepe Alonso para el mes de octubre
Miami, octubre del 2009

Queridos AMIGOS en Jesús y María:

Gracias por permitirme compartir con ustedes estas breves líneas que, mes con mes hago con tanto amor y gusto, ya que por medio de ellas puedo estar en contacto muy personal con todos ustedes, mis queridos amigos. Y les llamo mis amigos, ya que conocidos hay muchos, pero amigos, verdaderos amigos son pocos. Por eso nos dice la Palabra de Dios que: Un amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, su valor es incalculable. Eclesiástico 6, 14 y 15

Quisiera en este día que analizáramos un poco lo que significa la amistad verdadera y lo que el ser amigo significa. El mejor modelo lo encontramos en el Maestro, en nuestro AMIGO Jesús. Veamos.

Después del banquete que ofreció Mateo al Señor y a sus amigos con motivo de su llamamiento, algunos judíos se acercaron a Jesús y le preguntaron por qué sus discípulos no ayunaban como lo hacían los fariseos y los discípulos de Juan. Y Jesús les contestó: ¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Mateo 9, 15 Y haciendo mención expresa de la muerte que Él había de padecer, les dice que cuando les sea arrebatado el novio, entonces ayunarán.

El novio, entre los hebreos, iba acompañado por otros jóvenes de su edad, sus íntimos, como una escolta de honor. Se llamaban los amigos del novio, y su misión era honrar al que iba a contraer nupcias, alegrarse con sus alegrías, participar de un modo muy particular en los festejos que se organizaban con motivo de la boda.

Jesús llama amigos íntimos –los amigos del novio– a quienes le siguen, a nosotros; hemos sido invitados a participar más entrañablemente de sus alegrías, al banquete nupcial, figura de los bienes sin fin del Reino de los Cielos. En diversas ocasiones el Señor distinguió a los suyos con el honroso título de amigos. En el discurso de la Última Cena les dirá, con sencillez y sinceridad conmovedoras: Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes... a ustedes los he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer. Juan 15, 9 y 15

Jesús nos llama amigos. Y nos enseña a acoger a todos, a ampliar y desarrollar constantemente nuestra capacidad de amistad.

Jesús tuvo amigos en todas las clases sociales y en todas las profesiones: eran de edad y de condición bien diversas. Desde personas de gran prestigio social, como Nicodemo o José de Arimatea, hasta mendigos como Bartimeo. En la mayor parte de los pueblos y aldeas encontraba gentes que le querían y que se sentían correspondidas por el Maestro, amigos que no siempre el Evangelio menciona por sus nombres, pero cuya existencia se deja entrever. Jesús amaba a Marta y María y a Lázaro. Cuando llegó el Maestro a Betania, Lázaro había muerto. Y, ante la sorpresa de todos, Jesús comenzó a llorar. Decían entonces los judíos: Miren cómo le quería. Juan 11, 35 ¡Jesús llora por un amigo!, no permanece impasible ante el dolor de quienes más aprecia, ni ante la experiencia del hombre frente a la muerte; la muerte de una persona particularmente amada. Jesús llora en silencio lágrimas de hombre; los que estaban allí quedaron asombrados.

A Jesús le gustaba conversar con las personas que acudían a Él o con las que encontraba en el camino. Aprovechaba esas conversaciones, que en ocasiones se iniciaban sobre temas intrascendentes, para llegar al fondo de sus almas y llenarlas de amor. Todas las circunstancias fueron buenas para hacer amigos y llevarles el mensaje divino que había traído a la tierra.

De Cristo aprendemos a tener muchos amigos, aprovechando las relaciones de vecindad, de trabajo, de estudio, encuentros fortuitos y otros buscados. El cristiano está siempre abierto a los demás. Con el amigo se comparte lo mejor que se posee; nosotros no tenemos nada que valga tanto como la amistad con Jesucristo, afianzada a lo largo de los años, después de tantos ratos de oración –cuántas cosas le hemos dicho– y de tantos momentos junto al Sagrario. El afán apostólico y las virtudes humanas de la convivencia nos ayudarán a encontrar los puntos de unión y de entendimiento con los compañeros, con los clientes, con las demás personas, y sabremos prescindir y olvidar lo que desune, cediendo con elegancia en nuestros puntos de vista cuando se trate de asuntos de poca importancia que separan y van creando distancias que hacen difícil la confianza y el mutuo entendimiento.

Si nos sabemos amigos de Jesús, sus amigos íntimos, ¿no es lógico que aprendamos lo que es la amistad verdadera y que sepamos, como Él, llegar al fondo de las almas? ¿Sabemos comunicar el amor a Cristo que llevamos en el corazón?

Un amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro. El amigo fiel no tiene precio, su valor es incalculable. El amigo fiel es un elixir de vida, los que temen al Señor lo encontrarán. Eclesiástico 6, 14 a 16 Así nos habla la Sagrada Escritura del valor de la amistad, y a la vez nos enseña que es necesario buscarla, poner los medios para encontrarla. Y, una vez hallada, es necesario cultivarla por encima del tiempo, de las distancias, de todo aquello que tienda a separar: la diversidad de gustos, de opiniones, de intereses...

La amistad requiere que ayudemos al amigo. Si descubres algún defecto en el amigo corrígele en secreto. Las correcciones hacen bien y son de más provecho que una amistad muda, que calla mientras ve que el amigo se hunde. La amistad ha de ser perseverante. No cambiemos de amigos como hacen los niños, que se dejan llevar por la ola fácil de los sentimientos. <<Nunca me avergonzaré de proteger a un amigo>> Eclesiástico 22, 25 No lo abandones en el tiempo de la necesidad, no le olvides, no le niegues tu afecto, porque la amistad es el soporte de la vida. Llevemos los unos las cargas de los otros, como nos enseñó el Apóstol. Si la prosperidad de uno aprovecha a todos sus amigos, ¿por qué en la adversidad no va a encontrar la ayuda de todos sus amigos? Ayudémosle con nuestros consejos, unamos nuestros esfuerzos a los suyos, participemos de sus aflicciones.

Cuando sea necesario, soportemos incluso grandes sacrificios por lealtad hacia el amigo. Quizá haya que afrontar enemistades para defender la causa del amigo inocente, y muy a menudo recibir insultos cuando trates de responder y rebatir a aquellos que le atacan y le acusan. En la adversidad se prueban los amigos verdaderos, pues en la prosperidad todos parecen fieles.

El amor a Cristo nos vuelve más humanos, con más capacidad de comprensión, más abiertos a todos. Si Cristo es el mejor amigo, aprenderemos a fortalecer una relación que quizá se estaba rompiendo, a quitar un obstáculo, a superar el egoísmo y la comodidad de quedarnos en nosotros mismos. Junto al Señor sabremos hacer mejores, llevar a la santidad, a quienes tenemos más cerca, porque les transmitiremos la fe en Él. A lo largo de los siglos, ¡cuántos han transitado por la senda de la amistad hacia el Señor!

Mira a Cristo. Bien sabes que te considera entre sus íntimos. Somos los amigos del Novio, pues nos llama a participar de su predilección y de sus bienes. Referidas a Cristo, tienen su plenitud aquellas palabras del Libro del Eclesiástico: El amigo fiel no tiene precio. Cristo mostró su fidelidad hasta dar su vida por cada uno de nosotros. Aprendamos de Él a ser amigos de nuestros amigos, y no dejemos de dar a estos lo mejor que tenemos: el amor a Jesús. Ah, y empecemos por casa, en nuestro propio hogar. ¡Ahí debería estar nuestro primer núcleo de verdaderos AMIGOS!

Termino con los siguientes pensamientos:

Aquel cuyo apretón de manos es un poquito más firme. Aquel cuya sonrisa es un poquito más luminosa. Aquel cuyos actos son un poquito más diáfanos. Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien más pronto da que pide. Aquel quien es el mismo hoy y mañana. Aquel quien compartirá tu pena igual que tu alegría. Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel cuyos pensamientos son un poquito más puros. Aquel cuya mente es un poquito más aguda. Aquel quien evita lo que es sórdido y mísero. Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien, cuando te vas, te extraña con tristeza. Aquel quien, a tu retorno, te recibe con alegría. Aquel cuya irritación jamás se deja notar. Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien siempre está dispuesto a ayudar. Aquel cuyos consejos siempre fueron buenos. Aquel quien no teme defenderte cuando te atacan. Ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien es risueño cuando todo parece adverso. Aquel cuyos ideales nunca has olvidado. Aquel quien siempre da más de lo que recibe. Ese es a quien yo llamo un amigo

AMIGOS, no se olviden de esta Misión, EWTN. Muestra al Señor que tu valoras lo que hacemos por llevar la Palabra de Dios literalmente hasta los confines de la tierra. Tu apoyo espiritual y material te será retribuido el ciento por uno por Jesús.

Tu amigo Pepe Alonso

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